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jueves, 3 de octubre de 2013

DESPEDIDA



Echo la vista atrás y hago balance de buenos momentos, sonrisas, lineas rectas y punk rock

y malos recuerdos de ceniza en los ojos y hormigas en la boca

Y entonces, solo recuerdo...


Recuerdo a Kenny muriendo una y otra vez en un cine de Barcelona, entre talegos y ginebra

Recuerdo el miedo a los escorpiones sin pelo, y al miedo convertirse en risa floja

Y recuerdo a Barcelona, más bonita que hoy en día.


Recuerdo cerdos con panceta y pipa y gota, y empezar a amar a la de siempre

Recuerdo envidia de acordes desafinados, en los bajos, tras las escuelas

Y recuerdo motos, parque, cuarta y peta.



Recuerdo micropuntos en el Carmen y líneas que conducen a las calles más oscuras

Recuerdo a Rebeca y a Dolores y a María y a todas las que no siendo, fueron

Y recuerdo que una vez estuve al borde de la Paula.


Recuerdo galegos caminos, acompañado por los duendes de una noche, toda magia.

Recuerdo ver la vida a través del cristal, verla plana y república

Y recuerdo el encierro, el fío, un estante y mil colegas en tres fases.


Recuerdo despedidas de la calle y de los árboles y las arañas, entre lágrimas de piedra

Recuerdo la sed del desierto y del dedo, y el desvarío de Quilmes

Y recuerdo atún volando, catarata y pollo al horno.


Recuerdo, sin haber fregado un plato, escuchar hasta la muerte a un tal Stellar

Recuerdo, ilusionado y con cerveza, pintar ocre y azul sin camiseta

Y recuerdo al viejo Ricard, y lo quiero.


Recuerdo ganarle horas perdidas al tiempo de la gran estafa, con un viejo hermano locombiano

Recuerdo, casi veo, casi miro, recuerdos con formas informes, ameboides

Y recuerdo una plaza, y vuelvo, y la recuerdo.


Recuerdo tiendas de campaña y alhamas termales y terueles y doscientos-seises

Recuerdo ratas y moflas y cachetes y bragas de niña en culos perfectos

Y recuerdo la traición, jerezana y mexicana


Recuerdo el sexo salvaje y el otro, el de la Gran Calma con los niños de los ojos rojos

Recuerdo fotos y desnudos y pañuelos en las noches más granadas de pensiones

Y lo recuerdo. Siempre y una vez tras otra, lo recuerdo.


Y recuerdo porque es todo cuanto tengo.








martes, 1 de octubre de 2013

AGUA


-Viste Pedro, ¡dejó de llover!- dice Memo sonriente, como satisfecho de que su pronóstico, con un día de retraso, se haya cumplido. Han sido más de sesenta horas ininterrumpidas las que Manuel, creciendo o degradádose, entre huracán y tormenta tropical, ha estado regando buena parte del oeste de México.

En La Punta, la desidia ha conseguido apoderarse de buena parte de la tribu zapoteca. La palapa, habitualmente espaciosa, se ha encogido hasta límites claustrofóbicos. La gente pasea, desorientada, por el poco espacio pisable. La guitarra, o mejor, el repertorio, se agota. La mesa de ajedrez, ajada por el uso y por las horas, se siente exhausta y hasta el caballo está cansado del Nc7, su jugada maestra a dos bandas. Incluso en la cocina, la frenética y entusiasta actividad gastronómica ha cesado. Y las miradas se pierden en las olas, enormes como muros carcelarios. Afuera todo es agua. Salada y dulce, corriendo por el suelo, haciéndose espuma en la orilla, cayendo desde el cielo...

Todo es de agua.
La calle es de agua.
Mi tienda es de agua. 
Las verjas son de agua.
Las sombras son de agua. 
Los suspiros son de agua.
Las nubes son de agua. 
Las uñas son de agua.
El río seco, es de agua. 
Los árboles son de agua. 
El aire es de agua. 
Y yo... yo soy de agua. 

Y espero, y soy de agua. 
Y desespero, y sigo siendo de agua. 
Y el rayo de sol que ha de secarme no llega. 
Y todo es agua. 
Agua. Agua. Agua.